MÉXICO.- El pintor y escultor surrealista italo-mexicano Pedro Friedeberg, reconocido internacionalmente por su emblemática silla con forma de mano, murió la mañana de este viernes en San Miguel de Allende, Guanajuato. La noticia fue confirmada por su familia a través de su cuenta oficial en la red social X.
Friedeberg
Friedeberg nació el 11 de enero de 1936 en Florencia, Italia. Cuando tenía tres años de edad llegó a México junto con su familia, que buscaba refugio tras escapar del conflicto de la Segunda Guerra Mundial. Con el paso de los años, el país se convirtió en el espacio donde desarrolló la mayor parte de su trayectoria artística.
Más tarde estudió arquitectura en la Universidad Iberoamericana, etapa en la que conoció al artista Mathías Goeritz, quien reconoció su talento y lo impulsó dentro del ámbito cultural. Gracias a esa relación, en 1961 ambos participaron en la creación del grupo Los Hartos, colectivo artístico que rechazaba las tendencias dominantes de la pintura social y política de la época.
Su arte
A lo largo de su carrera, Friedeberg cultivó una visión estética marcada por el surrealismo, la ironía y el humor visual. Su famosa silla-mano se convirtió en una pieza icónica del diseño y del arte contemporáneo mexicano.
Además, el artista defendía una filosofía de vida centrada en el disfrute y el placer. En una entrevista concedida a La Jornada en 2011, con motivo de la publicación de su autobiografía “De vacaciones por la vida. Memorias no autorizadas del pintor Pedro Friedeberg”, explicó que prefería vivir desde una perspectiva epicúrea.
“Los siete pecados capitales son más bien vicios, incluso virtudes maravillosas”, comentó entonces el artista, quien solía describirse como un amante de la vida y del arte.
La muerte del creador ha generado reacciones en diversos ámbitos culturales y políticos, han destacado la importancia de preservar y difundir el legado artístico que figuras como Friedeberg dejaron en la cultura contemporánea.
Con su obra llena de simbolismo, humor y geometría fantástica, Pedro Friedeberg dejó una huella duradera en el arte mexicano e internacional.
