CIUDAD DE MÉXICO.- La diabetes tipo 2 y el deterioro cognitivo podrían compartir mecanismos metabólicos. Investigadoras del IPN estudian esta posible relación.
El proyecto analiza el impacto de la resistencia a la insulina en el cerebro. También evalúa procesos vinculados con el Alzheimer.
Las científicas trabajan con el concepto de “diabetes tipo 3”. Sin embargo, esta expresión no representa una clasificación médica formal.
El papel de la resistencia a la insulina
El estudio se desarrolla en la Escuela Superior de Medicina del IPN. Está a cargo de Martha Cecilia Rosales Hernández y Jessica Elena Mendieta Wejebe.
Las investigadoras señalan que la diabetes descontrolada puede alterar el metabolismo. Además, puede favorecer inflamación y estrés oxidativo.
Estos procesos podrían afectar la barrera hematoencefálica. A su vez, las citocinas proinflamatorias podrían influir en el sistema nervioso central.
Una enzima bajo análisis
El equipo puso especial atención en la enzima GSK-3ß. Esta participa en la señalización de la insulina y otros procesos celulares.
La resistencia a la insulina puede aumentar su actividad. Según el proyecto, este mecanismo también podría relacionarse con procesos vinculados al beta-amiloide.
No obstante, tener diabetes no significa desarrollar Alzheimer. También intervienen factores genéticos, ambientales, alimentarios y de actividad física.
Pruebas en animales
El equipo desarrolló un modelo experimental en ratas Wistar. Después de 13 semanas de alimentación hipercalórica, mostraron alteraciones metabólicas.
A las 22 semanas, los investigadores detectaron cambios en GSK-3ß y algunas citocinas proinflamatorias. Sin embargo, no observaron cambios evidentes en beta-amiloide ni proteína Tau.
Una molécula experimental
El proyecto también estudia el compuesto 4y, perteneciente a la familia de los guanidinobenzotiazoles.
En el modelo animal, esta molécula redujo la glucosa y mejoró el perfil lipídico. Además, modificó favorablemente algunos marcadores cerebrales.
Las pruebas no detectaron señales significativas de toxicidad sistémica o hepática bajo las condiciones analizadas. Aun así, los resultados siguen en fase preclínica.
¿Qué sigue en la investigación?
La siguiente etapa contempla pruebas en ratones y diferentes dosis. También analizará memoria, aprendizaje y posibles cambios cerebrales.
Por ahora, los resultados no permiten establecer un tratamiento para la diabetes o el Alzheimer. Se requieren más estudios antes de evaluar su posible aplicación en humanos.
