ESTADOS UNIDOS.- Por primera vez, científicos trasplantaron mitocondrias sanas en los ojos de una mujer de 26 años. La paciente quedó ciega tras sufrir una hemorragia cerebral que dañó sus nervios ópticos y retinas.

El equipo extrajo las mitocondrias de los músculos de la pierna de la propia paciente. Después, las inyectó en el humor vítreo de ambos ojos, una sustancia gelatinosa que ocupa el interior del globo ocular.

¿Por qué trasplantar mitocondrias?

Las mitocondrias producen la energía que necesitan las células para funcionar. Por ello, los investigadores plantean que las células dañadas podrían incorporar mitocondrias sanas y mejorar su supervivencia.

En esta primera prueba, los científicos buscaban determinar si el procedimiento era seguro. También querían saber si el organismo provocaría una respuesta inmunitaria contra las mitocondrias trasplantadas.

Hubo cambios temporales

La paciente recibió una inyección en cada ojo, con 24 horas de diferencia. Después, los investigadores no detectaron inflamación ni otros efectos secundarios importantes.

Días más tarde, las pupilas mostraron una respuesta automática que no había aparecido en 45 mediciones realizadas durante los 71 días previos. Según los científicos, el cambio sugirió percepción de formas y sombras.

Sin embargo, el efecto duró cerca de cuatro semanas. Además, los especialistas no encontraron una mejora medible en la agudeza visual. Por lo tanto, el procedimiento no logró devolverle la vista.

El estudio apenas comienza

Los resultados corresponden a un estudio preliminar que aún espera revisión por pares. Los investigadores recalcaron que el objetivo principal era evaluar la seguridad, no demostrar una recuperación de la visión.

David Putrino, neurocientífico de la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí, señaló que observaron cambios fisiológicos relevantes en los ojos.

La FDA autorizó el procedimiento experimental en mayo. Ahora, el equipo trabaja con la agencia para desarrollar protocolos con inyecciones mitocondriales repetidas.

Las próximas investigaciones buscarán establecer si esta estrategia puede generar beneficios clínicos y convertirse en una alternativa para tratar enfermedades que dañan los tejidos oculares.